El productor de
televisión, Miguel Monforte, remarcó que está en contra de la piratería. Pero
de inmediato expresó que, navegando por la web, encontró material interesante (una
serie de películas con las que él había estudiado y otras que quería compartir
con sus alumnos) que no se conseguía en otro sitio. También, al no poder
acceder a películas originales, por su alto costo, tuvo que descargarlas de
Internet.
Se encontró en un
conflicto moral propio, ya que no está a favor de que se piratee. Él sabe lo
que le cuesta a los productores realizar sus películas en tiempo y en dinero. De
esta forma, nada vuelve a sus autores y hace que muchos se vean frustrados.
Afirmó que a los únicos
que beneficia la distribución por Internet es a las bandas musicales, ya que
hoy en día es la mejor forma de lograr popularidad.
Monforte considera a la
piratería como una falta de respeto a otros, para la satisfacción de uno. Contó
cómo, productores de cine, entran en las páginas donde se piratean sus
películas y se encuentran con que deben pagar para ver su propio producto (ese
dinero no tiene ningún porcentaje destinado a los autores).
Destacó que para éste
delito no ahí límites, ya que el Estado no hace nada para regularlo. Los
damnificados no sólo son los autores, sino también gente trabajadora que tenía
videoclubes y que debieron cerrar debido a esta nueva forma de distribución.
También dio ejemplos de
allegados que tenían videoclub. Los
controles municipales eran rigurosos en sus locales, y si encontraban algo
fuera de las reglas eran fuertemente multados –y a veces debían cerrar varios
días. En cambio, hoy en día, se ven en la vía pública locales vendiendo estas
copias y nadie hace nada.